25 de septiembre de 2016

Un puñado de notas


Marta ojeaba el libro, uno de esos de autoayuda, intentando encontrar una respuesta mágica para sobrellevar la inmensa tristeza que últimamente sentía, cuando la nota se deslizó hacía sus manos, secas y ajadas.

“Yo solo puedo estar contigo o contra mí”

La giró, no había nada más escrito. Sintió una descarga de energía. ¿Quién escribiría algo así? ¿Para quién? No sabía el motivo pero aquellas ocho palabras la emocionaron.

10 de septiembre de 2016

Daños colaterales

—Abuela, tenemos que marcharnos.
La mujer llorando miró a la chiquilla que estaba a su lado mientras negaba con la cabeza.
—Solo un momento más mi niña, solo unos minutos más.
La chica se alejó dejando espacio a la mujer que, cansada, miraba fijamente hacía una casa pequeña, de paredes blancas donde aún los geranios la salpicaban de color y vida. La anciana parecía querer grabarla en su memoria: habían pasado los mejores años de su vida, sus hijos habían nacido allí y allí se le había muerto el Manuel. Aquella era su casa, no eran cuatro paredes sin valor, era donde habitaba su mundo y sus sueños.
—Lo siento Manuel.

31 de agosto de 2016

Todo vale

—Todo vale, consíguelo.
Martín salió con esa consigna mientras cabreado se repetía no quiero verme condicionado por mi entorno, quiero que mi entorno se vea condicionado por mí, ¡como si eso fuera tan fácil! Se le acababa el tiempo y, las ideas, si acaso las hubiera tenido, también. Llevaban días y días embarrancados en esa negociación en la que todos intentaban sacar tajada y ninguno cedía, aunque Martín había empezado a dudar sobre qué pastel era el que se repartían.


3 de julio de 2016

Dama


René la miró, intensamente como le gustaba mirarla, le habló como solía hacer, con aquellos susurros pequeñitos que acariciaban sin tocar y le explicó su día, eso que antes le gustaba hacer y que hacía mucho que no lo practicaba, a veces por la falta de a quién contar y otras por el olvido sobre qué contar.

Por primera vez en muchos años se sentía bien, ella lo entendía.

11 de junio de 2016

Desconocido

Era una tarde fría de invierno, la mujer abrió la puerta de su apartamento y al entrar vio la luz parpadeante que le indicaba que tenía mensajes. Mientras se despojaba del abrigo, los escuchó. Sonrío al oír la voz de Laura pidiéndole que la llamara, a continuación a su madre y un sobre certificado que tenía que recoger y el tercer mensaje…Una voz masculina que susurraba de una forma muy desagradable; sus palabras la hicieron estremecer:

—Te he encontrado y ahora…vas a pagar lo que hiciste conmigo.
Marina apagó de golpe el contestador como si así lo hiciera desaparecer y se dirigió apresurada a la puerta de entrada para asegurarse que estaba bien cerrada, pasó a continuación el baldón de seguridad mientras se recostaba en la puerta intentando tranquilizarse. ¿Qué significaba ese mensaje? ¿Quién la quería asustar? ¿Por qué? Se dirigió a su habitación mientras se repetía que era una broma de muy mal gusto de algún imbécil que quería jugar.

El timbre del teléfono la sobresaltó. Se acercó, lenta, reprimiendo sus ganas de cogerlo y después del tercer tono, se oyó el mensaje.

—Sé dónde vives. Me hiciste daño, vas a llorar.

Era la misma horrible voz, estaba aterrada, aquello sobrepasaba en mucho lo que sería una broma, aunque no quería asustarse, lo estaba.


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